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La crisis en los medios

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Nos encontramos en una época de ‘vacas flacas’ que afecta más allá del componente netamente económico.  La crisis se ha instalado también en los sueños de muchas  familias y de muchos profesionales.

Hombres y mujeres que llevaban décadas ocupando el mismo puesto de trabajo se han quedado en la calle en medio del horizonte laboral más convulso que conoce nuestra generación. Otros han intentado trabajar en cualquier cosa sin conseguirlo, desde personas con poca cualificación hasta profesionales con un currículo vastísimo. Pero quizá donde la crisis haya impactado con mayor crueldad –al margen del sector de la construcción- ha sido en los medios de comunicación. Si a una profesión que ya estaba devaluada le añades una crisis, el resultado es cierre de medios, empleo precario y distorsión informativa. Los profesionales que aún conservan sus puestos de trabajo, casi unos ‘privilegiados’ si la cuestión se analiza detenidamente, se ven obligados a trabajar más horas de las que les pagan –antes también-, a no poder aspirar a mejoras laborales, a realizar el trabajo de los que fueron despedidos y, lo peor, a callar. La presión a la que se ven sometidos los medios por las empresas que los sostienen económicamente consigue que éstos se conviertan en un simple títere a sus órdenes. “Hoy dices esto. Mañana me preguntas que tienes que contar y pasado ya veremos qué se publica”. Esta frase resume el día a día de las redacciones menos independientes de los poderes empresariales o políticos. En medio de esta situación, ¿qué puede hacer el profesional? Aunque sea triste decirlo, poca cosa. Alzarse en una guerra de defensa de la ética periodística no suele dar resultados. “Es lo que hay. Si tú no quieres hacerlo ya sabes dónde está la puerta”, sería la respuesta más común. ¿Quién es tan valiente como para irse a la calle con más de cuatro millones de parados y sin un horizonte profesional que garantice que su siguiente puesto no vaya a ser más de lo mismo? Pocos, muy pocos. Lo más consecuente con la realidad que nos ha tocado vivir a los periodistas es seguir adelante, hacer pequeñas defensas individuales, no firmar una pieza informativa cuando no se esté de acuerdo con ella y no dejarse pisar ante la presión de cualquier poder.

Hemos olvidado que un periodista no debería obedecer a nadie más que a la propia información; que escribe para reflejar la realidad, no el interés de nadie; que debe exponer, para bien o para mal, las versiones de cada protagonista implicado; que debe dejar que sea el lector/espectador/oyente el que juzgue por sí mismo, sin presentar las conclusiones de un asunto de antemano y que debe tener independencia, libertad y medios materiales para poder realizarlo.

Poner en peligro la libertad de expresión de los medios, como se está haciendo en la actualidad, es en realidad, acabar con la libertad de expresión del pueblo. Cuantas más voces y versiones se escuchen de un mismo acontecimiento, más fiel a la verdad es lo que se narra, algo que todos, periodistas o no, deberíamos defender.

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4 comentarios

  1. mafalda87 dice:

    Lamentablemente es lo que toca vivir a la profesión. Lo peor de todo es que los holdings de comunicación (no todos, pero sí varios de ellos) no han registrado tan malas cifras como para tratar así de mal a sus empleados.

    • Beatriz dice:

      En una profesión en la que sobran los profesionales -por su componente vocacional- y que sufre de un intrusismo notable -cualquiera que sepa escribir cree que puede trabajar de periodista- se hace difícil que las empresas valoren a su plantilla, pero eso ya es materia para otro post… -por ejemplo, por qué se crean nuevas titulaciones universitarias de Periodismo, Comunicación Audiovisual o similares cuando no hay tanta oferta laboral. ¡Qué manía con formar a parados!

  2. Guillermo dice:

    Hola Beatriz.

    La verdad es que pinta muy mal todo lo que has comentado, y estoy de acuerdo con tus conclusiones. Por otra parte, desde el instante en que un medio de comunicación recibe ingresos por parte de alguno de los elementos sobre los que tiene o tendrá que informar, pierde su imparcialidad, y por lo tanto su propia esencia. Da igual que los ingresos los reciba por medio de subvenciones, ingresos por publicidad o participaciones en la empresa. No importa. Desde ese mismo instante, el periodismo muere. Al menos desde mi punto de vista.

    Gracias por tú análisis de la situación en este sector.

    • Beatriz dice:

      Guillermo, la realidad es que para sustentarse los medios han de recurrir a la publicidad, como muchas otras empresas. No estoy de acuerdo en que si una institución o una empresa contrata publicidad en un medio se crea con el derecho a decidir cuáles son sus contenidos. No están ‘comprando’ un medio, están contratando un espacio publicitario del que se benefician directamente para darse a conocer… Claro, que esto sería la teoría. La práctica es otra.

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