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¿Productividad?

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Últimamente anda rondando el plan de competitividad promovido desde Alemania.  Merkel ha puesto sobre la mesa un nuevo debate  centrado en desligar el crecimiento salarial del aumento del IPC  y vincular la evolución del mismo a la productividad.

Para entender un poco de que va todo esto, aclaremos que entendemos por “Productividad”. De manera sencilla, la podemos definir como una relación entre los productos obtenidos y los insumos empleados (un simple cociente: unid de salidas por unidades de entrada).  En teoría esto es: si producimos más ganamos más.  Si observamos los datos del 2010 la tasa de productividad española creció un 2 %, pero este datos, no nos lo podemos tomar a la ligera, ya que en economías con un paro laboral elevado la productividad aparente es superior a la real  (fácil reducimos los insumos = despidos,  y se sigue produciendo más o igual, aumenta la productividad)

Pero es que las reformas que se plantean con este nuevo plan de competitividad van mas allá de lo que leí por ahí, y del fenómeno que se esta dando básicamente, con la reducción de puestos de trabajo en muchas empresas, “productividad, fácil, despiden a  mi compañero y ahora me toca a mi hacer el trabajo y el suyo por el mismo dinero  y por supuesto siendo imposible hacer el trabajo para el cual se necesitan dos personas, esto es la productividad”.

Y es que no se trata de trabajar más horas, sino de ser más productivos en las mismas horas.  El problema es estructural, la jornada laboral española es ineficaz y el tiempo está escasamente optimizado. Son muchos los motivos para reflexionar el modo de la actuación de la gestión empresarial (y digo empresarial por no meterme con la gestión pública que  tiene muchos temas pendientes con esto de la productividad)  en la economía, sobre todo cuando la mayor parte de los recursos productivos empleados por las empresas son los recursos humanos y el conocimiento  y, cuando es común considerar que la contribución del capital humano a la productividad del trabajo es clave. Si queremos ganar más, necesitamos una economía en donde se produzca más y mejor.

La productividad, como los beneficios, es una relación entre entrada/salida de recursos. Los esfuerzos hasta ahora a mi parecer, destinados a incrementar la productividad y por ende los beneficios, en esta materia se han enfocado a reducir, reducir y reducir, una reducción sin planificación, sin mirar a futuro, apaleamos la situación a corto plazo pero, ¿como controlamos lo que nos viene después? El análisis de la productividad empresarial, debe centrar la atención en los cambios organizativos,  principalmente en aquellos escenarios a menudo necesarios, aunque quizás no suficientes, para introducir los incentivos adecuados para una buena gestión de los recursos,  las empresas deben facilitar los medios de capital y de organización de trabajo para que un trabajador pueda ser más productivo y por otro lado los trabajadores deben comenzar a formarse para sus empleos y los nuevos por llegar.

En la actualidad, no existe ninguna política o plan  que garantice por sí solo la salida de la crisis y un nuevo futuro económico, seguro y competitivo. Los desafíos relacionados con ¿Cuál o Cuáles? son las recetas necesarias que hay que implementar para salir de la crisis, y alcanzar el nivel de competitividad objetivo son múltiples y requieren una respuesta coordinada de todos los sectores. ¿Ustedes que pensáis?

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2 comentarios

  1. Beatriz dice:

    “El despido no es la solución”. Ojalá fuera así. Desgraciadamente, las cifras de desempleo nos indican que no lo es.
    Me llevo el supuesto que exponéis y que sugería la señora Merkel a terreno conocido. Un perfil cualquiera: Periodista. Por contrato tiene que hacer 7 horas y cuarto al día. Nunca lo cumple. Siempre hace más, en ocasiones, muchas más. Para más inri, en los últimos años ha suplido junto a sus compañeros, a fuerza de esfuerzo, ingenio y de reducir la calidad del producto, las bajas que se han producido en su entorno. Si el trabajo se hacía al principio con seis personas y ahora con cuatro, los cuatro deberían ganar más, no? Sólo vería adecuado un ajuste de estas características si el trabajo se redujera en la misma proporción que la plantilla pero, claro, así no aumentaría la productividad. Aquí la única que gana es la empresa, mientras que la precariedad laboral aumenta.
    Estoy de acuerdo en que las empresas realicen los ajustes que crean convenientes, de hecho, su misión es perdurar, pero con un poco de sentido común. No se puede despedir a diestro y siniestro, sin tener en cuenta a quiénes despiden, sin medir tampoco si los que se quedan podrán soportar el volumen de trabajo heredado por las bajas. No pueden depositar la responsabilidad de que un producto o servicio salga adelante basándose en la buena voluntad de sus profesionales.
    En fin, la cuestión da para tanto…

  2. Guillermo dice:

    Dos frases me han llamado mucho la atención:

    “desligar el crecimiento salarial del aumento del IPC y vincular la evolución del mismo a la productividad”. Ok, pero ¿cómo mides la productividad específica de una persona sin quedar completamente en manos de tus superiores?. Es decir, ¿qué medida específica y objetiva se va a usar?. ¿Se van a poner “objetivos” a todos los puestos laborales?. ¿A todos?. Por otro lado, la productividad en España es muy baja por un motivo muy sencillo. Un trabajador llega a trabajar a las 9 de la mañana. Su jefe llega a trabajar a, pongamos las 11. Por otro lado, el jefe en cuestión se va a comer dos horas y vuelve después para continuar con su jornada de trabajo. Y aquí está el tema: está mal visto, en muchas empresas, que el trabajador se vaya a su casa antes que el jefe. Por lo que las jornadas de trabajo son muy largas. Innecesaria y absurdamente largas. Y claro, no vas a producir todo el rato. Porque no puedes (curva de rendimiento), y porque no quieres. Por lo tanto, la producción obtenida para el tiempo empleado es absurdamente baja. ¿Es culpa del trabajador?. No. ¿Es culpa del jefe?. Realmente… tampoco. El hace su jornada laboral. Es culpa de la cultura que tenemos. Es decir, recuerdo que en Irlanda, cuando estuve trabajando allí, a las 5:30 a todo el mundo se le caía el boli de la mano. Se levantaban, y todos nos marchábamos a casa. Desde el jefazo, hasta el currito. Una mentalidad muy distinta en la que todo el mundo trabajaba sus ocho horas…

    “despiden a mi compañero y ahora me toca a mi hacer el trabajo y el suyo por el mismo dinero”. Sí. Esa es la medida que están aplicando como reducción de costes muchas empresas en crisis. Qué queréis que os diga, pero despedir me parece una aberración y debería ser la última de las medidas. Hay mil maneras de reducir costes antes que el despido. El despido es una tragedia para empresa y trabajador. Uno pierde su salario y el otro pierde el know how que tanto ha costado conseguir. El despido no es la solución.

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