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“Un mal trabajo deprime tanto como estar en paro”

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En tiempos en los que las oportunidades laborales son más bien escasas, hoy era publicado en el diario El Mundo el titular que encabeza este post. Está claro, un mal trabajo deprime tanto como estar en paro.

Personalmente, no puedo hablar de la experiencia de un mal trabajo, ya que por fortuna actualmente estoy bastante satisfecha en mi puesto, pero sí he vivido la sensación de sentirme encasillada y poco valorada, al igual que he estado en situación de desempleo.

En ambos casos, los síntomas son bastante parecidos: apatia, decaimiento, pérdida del interés por el proyecto (por el proyecto laboral o el proyecto de encontrar un empleo), desgana… En ambos casos relajar la presión y dar un cambio de rumbo a la rutina puede ayudar mucho.

Advierto de antemano que no voy a contar nada nuevo, aunque sea poco publicitario para que siga leyendo nadie el post. Pero es una verdad como una casa de la que, por desgracia, las compañías siguen sin darse cuenta: un trabajador feliz es un trabajador productivo. Un trabajador presionado, humillado, estresado, sin tiempo personal, es un mal trabajador a medio-largo plazo: rinde menos, se interesa menos, se descuida, y es menos meticuloso. Conviene analizar estas palabras y darse cuenta de que no son sinónimos, sino diferentes aspectos provocados por este problema, que desembocan en una pérdida de productividad brutal para la compañía.

Antes, cuando era más fácil cambiar de empleo, cuando la economía en España era próspera, cuando las empresas (sobre todo las de construcción y las financieras…) se “pegaban” por profesionales bien preparados que les permitieran debilitar a la competencia y arrancar poquito a poco otro mordisco de cuota de mercado, la solución ante un problema de desmotivación laboral era más sencillo. Actualmente, el cambio de trabajo es bastante difícil, y la inseguridad económica que arrastramos no anima a casi nadie a hacerlo, únicamente unos pocos privilegiados sin cargas familiares ni financieras pueden arriesgarse. El resultado son montones de trabajadores con bajas médicas por ansiedad y depresión (o incluso ambas patologías a la vez). Cuando llega un momento en el que la situación para el empleado es tan insostenible, debe hacer frente a la verdad y asumir que tiene un problema. Y realmente, la baja médica es una solución para él, además de algo muy conveniente para su salud, ya que si no asume la realidad de lo que le ocurre, puede llegar a producirse un despido por su falta de productividad. Habrá quien piense quizá que conseguir esta incapacidad temporal, estando en el país de la pícaros que habitamos, puede ser escapatoria de vagos y malos trabajadores. Es cierto que hay personas de todo tipo en el mundo, pero se trata de síntomas que no se finjen así como así, y es un tema muy serio con el que no tanta gente se atreve a coquetear.

Sin alargarme mucho más, dejo caer la conclusión final y posible solución, muy trillada pero no por ello menos cierta.  La mala gestión de recursos humanos resta productividad a la empresa. Y actualmente nos movemos en un ambiente en el que, por desgracia, esta productividad no está como para ser desperdiciada ni regalada, mucho menos cuando se plantea la posibilidad de ligarla al salario de los trabajadores. Es necesario evaluar periodicamente la presión a la que son sometidas las personas en su puesto laboral para detectar cualquier desviación o anomalía. Es necesaria más conciliación laboral y familiar. Es necesario más teletrabajo (en muchas compañías no se conoce lo que significa). Es necesaria más flexibilidad. Más descentralización, más confianza.

Y sobre todo, más crecimiento sostenible, ligado a la construcción de una estructura sólida y no a la conseción del beneficio cueste lo que cueste.

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2 comentarios

  1. MariaTM dice:

    Me voy a permitir matizar que he dicho “Crecimiento sostenible ligado a la construcción de una estructura sólida y no a la consecución del beneficio cueste lo que cueste”. La coletilla final es muy importante.

    Entra en juego, como bien dices, más la gestión de recursos empresariales que la de recursos humanos. Pero si tenemos una empresa orientada al beneficio a corto plazo y no al largo plazo, lo que ocurrirá generalmente será que a la hora de los problemas, la falta de ingresos por la mala estrategia recaerá en el colaborador. Entonces será cuando tendremos trabajadores presionados, quemados y a la larga, desinteresados.

  2. Guillermo dice:

    Hola María.

    Dos temas de los que hablas me han llamado la atención. La gestión de los recursos humanos y la gestión de los recursos empresariales (en donde estarían también los anteriores).

    Comentas lo siguiente: “La mala gestión de recursos humanos resta productividad a la empresa”. “Posibilidad de ligarla al salario de los trabajadores”.

    Me temo que este es un punto muy importante y aquí es donde entra la habilidad directiva. Los recursos humanos de una empresa poseen el Know How de la misma. El conocimiento empresarial. Me temo que se puede comprar una máquina nueva, pero no se puede comprar 30 años de experiencia. Se puede intentar contratando a un experto, pero el conocimiento es intrínseco a cada persona. En resumen, la gestión de los RRHH es un tema muy, muy importante en las empresas. Y estoy de acuerdo en que no se valora como se debe. Una máquina es reemplazable, el conocimiento de un trabajador tiene un coste muy superior, y no sabemos verlo. Y estoy hablando de coste para la empresa, no de personas, ojo.

    En cuanto a lo de ligar la productividad al salario, siempre y cuando sea un variable, existiendo una parte fija, no lo veo para nada descabellado. A fin de cuentas que un trabajador cobre un porcentaje de lo que hace ganar a la empresa es la misma esencia de la colaboración empresarial. Si haces ganar mucho dinero a la empresa, tu sueldo debería ser alto. La idea es completamente lógica, ya veremos en qué se queda.

    “Crecimiento sostenible ligado a la construcción de una estructura sólida y no a la consecución del beneficio”. Ah, la gestión de recursos empresariales. Eso entra dentro de la habilidad directiva de gestión. Una de las habilidades que más aprecio en las personas es la capacidad de gestión de recursos. Y por desgracia no es una habilidad muy común. Pero sí muy preciada…

    Un saludo.

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