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¿Qué es el famoso “Déficit tarifario”?

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Tras el último anuncio del gobierno, en los medios de comunicación se ha vuelto a oír hablar acerca del llamado “déficit tarifario”. Este déficit, se valora en la actualidad como algo más del 1% del PIB Español. Con esto, mucha gente se pregunta: ¿Qué han hecho los gobiernos de nuestro país para tener tal déficit con las compañías generadoras eléctricas?.

Comencemos por los cimientos. El déficit de tarifas se define como la diferencia entre la suma total recaudada por las tarifas integrales y tarifas de acceso al sistema (fijadas por la Administración y pagada por consumidores) y los costes reales asociados a dichas tarifas (costes de transporte de la electricidad, de distribución, de adquisición de la energía para las tarifas integrales, de subvención de energías pertenecientes al régimen especial, etc).

Esta diferencia se produce básicamente debida a dos razones: por una mala estimación de los costes reales de producción o por decisiones regulatorias del Gobierno.

La parte del déficit debida a una mala estimación puede deberse a la realización de un cálculo erróneo a principio de año en los costes de generación y distribución o en el coste de producción de energías alternativas (pertenecientes al régimen especial). Estas últimas reciben primas para favorecer su introducción en el mercado (hablaremos de esto en futuras entradas). No obstante, este error nunca generaría un déficit estructural ya que el error al alza de un año se compensaría con un error a la baja en posteriores.

Entonces, ¿por qué toma el Gobierno este tipo de decisiones regulatorias?. En España, desde el año 2000 los sucesivos gobiernos han aprobado tarifas eléctricas considerando los llamados “costes deseados” (obviamente diferentes a los “esperados”). Con ello, la tarifa que los consumidores españoles pagamos a las compañías eléctricas es inferior a la que deberíamos pagar para cubrir los costes reales de generación. Esta diferencia, en ningún caso accidental, se suele asociar al miedo de los sucesivos gobiernos a dos efectos fundamentales:

a) El impacto negativo de esta subida tarifaria en determinados sectores de producción con un alto consumo intensivo de energía eléctrica (cuya competitividad podría verse seriamente afectada).

b) El coste político que supondría al Gobierno en el poder el previsible impacto inflacionista de las tarifas eléctricas.

Sin embargo, y al contrario de lo que podría pensarse este déficit no impacta en los beneficios de las compañías eléctricas, ya que por ley deben ser retribuidas con el coste reconocido.

Es, por tanto, un control virtual de la inflación. Debido a ello se ha creado en nuestro país un déficit estructural con un fuerte crecimiento anual con impacto directo en el desarrollo de la competencia en los mercados.

Por tanto, se puede definir el “déficit tarifario” como la deuda del Sistema (que finalmente somos todos los consumidores) con las empresas que aportan la financiación del citado déficit. Los recursos financieros para realizar estos pagos se obtienen a través de la promesa de que serán recuperados en el futuro mediante recargos sobre las tarifas de acceso a las redes. Este proceso es el que se conoce como financiación del déficit.

Los sucesivos gobiernos han utilizado las tarifas eléctricas cómo herramienta de ayuda para contener el incremento del IPC del país, mediante la imposición de una tasa de crecimiento máxima permitida a las tarifas (ejecutada en el RD 1432/2002).

Este crecimiento máximo permitido se eliminó en enero de 2007, debido a los efectos negativos de la política anterior de fijación de tarifas sobre la eficiencia, la liberalización y el desarrollo de la competencia minorista y el coste del déficit tarifario creciente, creando un sistema insostenible a futuro.

Y para finalizar, ¿qué medidas se proponen para acabar con el problema?. Cómo es lógico existen muy variadas, aunque si bien es cierto que una gran mayoría implica la reducción y modificación de las primas al denominado régimen especial (energías renovables). Para ello, algunos frentes se apoyan en que, por ejemplo, alrededor de un 37,3 % de las primas que pagamos en el primer cuatrimestre del año pasado (2010) correspondían al globo fotovoltaico que tan sólo proporcionaba un 4,2 % de la producción en régimen especial; mientras que el 35,7 % del gasto en eólica proporcionaba un 52,6 % de este régimen. Otros muchos abogan por la reducción de las primas con el fin de “adecuarlas a la tan difícil situación actual”. Si es de interés, trataremos los pros y contras de decisiones de esta especie en futuras entradas.

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4 comentarios

  1. Alejandro Rodríguez Delgado dice:

    Muy interesante. Yo creía que era por un rescate a las eléctricas debido a la moratoria nuclear.
    En fin, enhorabuena.

  2. Enhorabuena Carlos. Gran estreno. Un artículo muy interesante y bien escrito. Ha sido muy leído en el día de ayer. Es un placer contar contigo.

  3. Muy buen artículo. Esperamos con impaciencia nuevas entregas!

  4. Miguel Angel dice:

    Tremendamente interesante y muy claro. Gran post, enhorabuena

Deja un comentario... y gracias!!

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