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¿Y ahora qué subvencionamos?

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Tras mi último artículo, en el que abordaba las verdades y mentiras comúnmente escuchadas acerca de la tecnología nuclear, tuve una interesante discusión con un compañero que defendía que esta tecnología “no era tan barata”. Para ello me suministró un más que interesante estudio publicado en “The Economist” y desarrollado por investigadores de la Universidad de Duke en el que se comparaban los costes asociados a la generación de energía fotovoltaica y nuclear. Como resumen, comentar que el estudio viene a demostrar que en Carolina del Norte (EEUU) se ha producido una inversión en la rentabilidad de producir energía con ambas tecnologías. Los investigadores defienden que la mejora en la eficiencia de los procesos de fabricación de células, junto con un incremento en la demanda y producción de electricidad, así cómo una posición ventajosa para el aprovechamiento del recurso solar han producido este hecho.

Tras analizar el estudio con detenimiento (debido a mí escepticismo respecto al resultado obtenido) concluí que salvo algunos detalles como una estimación ligeramente a la alta (bajo mi punto de vista) de ciertos factores de eficiencia todo parecía encajar. Mi opinión respecto a la tecnología solar cambió ligeramente a favor después de esto.

Sin embargo, la semana pasada se publicó en El Economista un artículo en referencia a la denominada “Burbuja Termosolar” en nuestro país que me gustaría compartir. En él se aportan datos interesantes acerca del impacto de las subvenciones que estamos aportando a la tecnología termosolar realizando una comparación con la denominada en el pasado “Burbuja Fotovoltaica”.  En el artículo se hace referencia que pese a que muchas de las centrales de Ciclo Combinado del país se encuentran paradas a causa de la crisis (disminución de la demanda) y de la prima a la utilización del carbón (tema interesantísimo que abordaremos en futuros post), se van a construir 40 plantas termosolares hasta el año 2013 (alcanzando las 60 centrales de este tipo en España y los 2.500 megavatios de potencia).

Ahora bien, ¿cuánto realmente nos cuesta esto a los españoles?. Realizando una estimación aproximada, suponiendo unas 3.000 horas de funcionamiento al año y asumiendo una retribución anual de 300 euros por MWh obtenemos una cifra de 2.000 millones de euros al año. Esta cantidad se carga directamente en el recibo de la luz, más en particular en el apartado de peajes y costes regulados (primas al régimen especial y costes de acceso a la red).

Este hecho ha provocado que algunas compañías y organismos del sector hayan afirmado que sin los problemas que ha generado la energía solar las tarifas de acceso serían hasta un 30% inferiores. Esto ha llevado a que algunas voces del sector hayan llegado a exigir “una moratoria termosolar hasta que la tecnología esté más desarrollada y bajen sus costes”.

Por supuesto, hay que considerar que existen intereses económicos detrás de estas afirmaciones, pero, ¿qué argumentos utilizan para apoyar esta posición? Pues bien, defienden que las plantas termosolares no son suficientemente flexibles, ni están libres de emisiones ya que utilizan gas natural para mantener caliente el aceite térmico.

Además, se apoyan en el dato que de no haber tenido que soportar los 10.719 millones de costes externos, el sistema eléctrico habría tenido en 2010 un superávit de 5.200 millones, en lugar de seguir incrementando el déficit. También se apoyan en que en 2010 las primas al régimen especial ascendieron a 7.114 millones, de los cuales 2.649 millones fueron para la fotovoltaica (la más primada), la cual sólo aportó el 3% de la energía.

Finalmente, estas voces realizan una comparación entre la energía fotovoltáica y la eólica defendiendo que ésta última aporta un 16% de la energía y supone un 18% de los costes de producción. Esta tecnología recibió durante 2010 un total de 1.963 millones en primas y el nuevo decreto pretende recortar a la mitad la rentabilidad de los nuevos parques, lo cuál es bastante negativo económicamente para algunas empresas que habían apostado fuertemente por ella.

¿Cuál es la conclusión de todo esto?.

Hay que ser consciente que el coste de estas tecnologías renovables es elevado, lo cuál es bastante complicado de defender en estos tiempos tan difíciles en el aspecto económico. Sin embargo, ninguna tecnología nace siendo madura, sino que esta madurez se va adquiriendo con el tiempo y la experiencia del sector. Debemos primar el desarrollo de las mismas pero controlando la cuantía de estas primas, pues de lo contrario estaríamos primando la ineficiencia de la tecnología. ¿Donde esta el límite?. Es difícil fijarlo. Lo que esta claro es que hay que encontrar soluciones y que encontrarlas no será gratuito. Veremos…

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