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2011, Internet 3.0 / 2111, Internet ¿…?

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El móvil nos da los buenos días y nos empuja fuera de la cama. La radio nos acompaña mientras preparamos el tazón de cereales. Desayunamos con los titulares del día en el periódico que nos hemos descargado al tablet, y quince minutos más tarde los ampliamos en el autobús, o en el metro, o en el tren…, gracias a esa estupenda aplicación que tenemos en el smartphone.

Al salir del trabajo consultamos el correo mientras esperamos el autobús de vuelta. De camino a casa, respondemos un e-mail y borramos otros quince. Al fin y al cabo, eran sólo publicidad.

Comemos con las noticias de fondo, puestas en el televisor. Hay una que nos sorprende; queremos ampliarla. Después del postre, la buscamos en Internet. Accedemos a la página de la empresa que ha generado la noticia. Escribimos un comentario. Copiamos el enlace y lo compartimos en Facebook.

A algunos de nuestros amigos les gusta nuestra publicación. De ellos, hay quienes incluso dejan un comentario, y de ellos nuevamente, otros pocos comparten la noticia en sus muros.

En el muro de nuestro amigo, alguien a quien no conocemos pero que a su vez es amigo de nuestro amigo leerá por primera vez esa misma noticia. Le sorprenderá, la buscará en Google y accederá a la información. Dejará un comentario en la web. Y publicará el enlace, abreviado, en su Twitter. Puede que para entonces la noticia ya sea Trending Topic y haya recorrido el planeta.

A punto de acabar 2011, me uno a los “resúmenes del año”. Rebobino y rebobino en busca del origen de todo. Y llego mucho más allá del pasado 1 de enero. Mi primer contacto con Internet fue en 3º de BUP. Recuerdo cómo rugían los treinta ordenadores que se conectaban a través de la línea telefónica, en aquella asignatura optativa llamada “Informática” que sólo elegíamos “los de ciencias”. Y recuerdo también al profesor, leyendo el manual para explicarnos cómo funcionaba aquello de Internet Explorer.

La primera vez que envié un e-mail calculé que tardaría dos días en llegar al otro lado, que era lo que solía tardar una carta de papel. La primera vez que recibí un SMS en el móvil (que en realidad era el de mi padre, con tapa y antena desplegables) no me enteré de que lo había recibido hasta cinco días más tarde, cuando gracias al libro (era un libro, no un folleto) de instrucciones descubrimos lo que quería decir el dibujito del sobre sobre que aparecía en una esquina de la pantalla.

Parece que esté hablando de hace… más de diez años. Y es que, en realidad, entre la primera parte de este post y la segunda sólo han pasado diez años.

A punto de dejar atrás 2011, me pregunto cómo será Internet en el año que llega. Cuáles serán los trending topics, qué revoluciones sociales se convocarán a través de hashtags… y quiero ir más allá, y quiero imaginar cómo será el Internet de dentro de cien años. No puedo precisarlo, pero sí puedo pensar cómo me gustaría que fuese. Será rápido, será instantáneo, será todavía más pequeño y lo llevaremos en el bolsillo. Será gratuito. Y nos ayudará a comunicarnos con cualquier persona, en cualquier momento, desde cualquier parte del mundo; de forma gratuita e inmediata.

Será mucho más que eso. Seguro. Pero una cosa sí me gustaría: lo único que le pido al Internet de dentro de cien años es que la gente que lo utilice no deje de hablar en persona, de quedar para tomar café, de ver películas en el sofá, de viajar, de ir a conciertos, de llenar las salas de teatros y cines… Lo que me gustaría del Internet de dentro de cien años es que sea fuente de diálogo, punto de partida para compartir opiniones y contrastar noticias, que sea una base de datos de calidad, más de lo que ya es, donde la gente pueda buscar información completa y fiable.

Y… ¿quién sabe? Quizá con la velocidad a la que va, lo que acabo de escribir vaya a ser la realidad del Internet, no de dentro de cien años, sino de mucho antes. Pongamos una fecha: 1 de enero de 2021. Quedamos para un café, y lo comprobamos. ¿Hecho?

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1 comentario

  1. Prescioso escrito. Creo que es muy importante conectar el pasado con el presente para ampliar nuestra visión y la posibilidad de analizar, contemplar y hacer nuevas estrategias. También nos sirve como tribu para saber donde estamos y cómo hemos llegado hasta aquí.

    Gracias por permitirnos un pequeño viaje contigo de reflexión y memoria.

    Saludos,

    Jenifer L. Johnson

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