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¿Vale la pena generar pánico?, los ahorros tienen miedo al corralito y a la vuelta de la peseta…

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¿Qué diferencia hay entre informar de los riesgos existentes y hacer que cunda el pánico? O mejor dicho, ¿dónde deben estar los límites entre uno y otro?

Hace relativamente poco, los principales medios de comunicación del país publicaban dos artículos: “Mis ahorros tienen miedo al corralito” y “la increible vuelta de la peseta”. Os adjunto ambos artículos más abajo. Pero, ¿hasta qué punto es correcto publicar algo así?

Lo que quiero transmitir con esta reflexión es que hay que tener cuidado a la hora de exponer los riesgos “coherentes” a los que nos enfrentamos como país, pero estos riesgos deben de ser ponderados por dos factores: Probabilidad e impacto.

Sin lugar a dudas, cualquiera de esos escenarios tienen un impacto muy importante en nuestra trayectoria como país, lo que me pregunto es: ¿Y qué probabilidad tienen?, ¿cómo han medido esa probabilidad?, ¿la han medido?

Ojo. La economía se basa en la confianza, como todo el mundo sabe; y existe menos dinero físico del que se mueve en la realidad mediante apuntes contables; si no se mide bien el impacto de una noticia catastrofista, ¿no estás influyendo a que esta ocurra?

Y se ha de recordar que no podemos medir algo sin afectarlo. Lo cual es una reflexión de lo más interesante cuando te planteas la existencia de las agencias de rating ¿verdad?

Mis ahorros tienen miedo al ‘corralito’

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/ahorros/tienen/miedo/corralito/elpepisoc/20111209elpepisoc_1/Tes

El temor a una restricción de fondos como la de Argentina o a la vuelta a la peseta cala en el pequeño ahorrador – No ha habido fuga masiva de depósitos salvo en las entidades rescatadas

Puede que el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) no lo incluya en los informes que periódicamente realiza para conocer las preocupaciones de los españoles. Pero el paro no es el único asunto que causa desasosiego. Hay otro temor, larvado e incipiente, que empieza a incrustarse en la imaginería popular: el recelo a que los ahorros no estén seguros. Cuando se cumplen 10 años del corralito, la medida por la que millones de argentinos vieron bloqueadas sus cuentas corrientes de la noche a la mañana, el fantasma de un corralito nacional en forma de restricciones a la libre disposición de fondos o, lo que sería aún mucho peor, el fin del euro como divisa y la conversión de los depósitos a la nueva moneda nacional (pesetas) -lo que en Argentina se llamó el corralón- empieza a considerarse como algo más que un ejercicio teórico de ficción para economistas.

Como dice el tópico, el debate está ya en la calle. Y también en las sucursales de los bancos. Los ahorradores son temerosos por definición, pero esa prevención es aún mayor cuánto más modestas son sus economías. Basta echar un vistazo a los foros de Internet, para comprobar que la pregunta “¿qué hago con mi dinero?” tiene cada vez más seguidores. Las respuestas sobre cómo poner a buen resguardo los ahorros ante una catástrofe financiera general son variopintas: contratar una cuenta en divisas (dólares, libras, yenes); abrir una cuenta en un país más solvente que formara parte de un núcleo duro en caso de ruptura del euro (Alemania, Francia u Holanda, por citar los más cercanos); llevar el dinero fuera de la UE (Suiza, Estados Unidos…), depositar el dinero en metálico en una caja de seguridad o invertir en oro. Hay más. Y ninguna infalible.

Las probabilidades de que fenómenos como el corralito o la vuelta a la peseta se reproduzcan en Europa o en España son escasas. Pero no nulas. El primer cortafuego para impedirlo lo han puesto los líderes europeos que se han reunido desde ayer en Bruselas y que previsiblemente hoy alumbraran un acuerdo para dar estabilidad al euro, atajar la crisis de la deuda e inyectar liquidez al sistema financiero.

Ahora bien, los pesimistas también tienen sus razones para desconfiar. La primera es que los acuerdos de las anteriores cumbres de julio o finales de octubre pasado se han incumplido. Y la credibilidad de los que las debían poner en práctica no es muy alta: son los mismos que negaron que Grecia fuera a quebrar; o que Portugal e Irlanda debieran ser rescatadas o que el euro estaba a salvo de cualquier eventualidad. El supervisor bancario europeo (EBA) confirmó ayer que la española es la banca europea, tras la griega, que más capital adicional necesita (26.170 millones) para alcanzar los nuevos mínimos exigidos para garantizar su solvencia.

El ejemplo griego tampoco empuja al optimismo. Desde enero de 2010 se ha reducido en casi un 25% el total de los depósitos en los bancos (el mismo nivel al que cayeron en Argentina en los ocho meses antes de decretarse el corralito). Solo entre septiembre y octubre pasados se retiraron 14.000 millones de euros. Es significativo que al inicio de la crisis eran las grandes fortunas y las corporaciones las que movían los fondos. Pero el éxodo de capitales afecta ya de pleno a las clases medias y no es raro ver a clientes que acuden a su sucursal a sacar cantidades de entre 100.000 y 500.000 euros solo para guardarlo debajo del colchón. En Italia, una de las primeras medidas del Gobierno de Mario Monti ha sido prohibir las transacciones en efectivo superiores a 1.000 euros para fiscalizar así los movimientos de dinero en su territorio.

En España, no ha habido fuga masiva de depósitos aunque sí un descenso considerable en los últimos meses. Desde el máximo alcanzado en marzo de este año (1.425.834 millones de euros), hogares y empresas han retirado depósitos por valor de 33.197 millones en los últimos seis meses, aunque todos los expertos apuntan como causa principal de esa retirada la mayor rentabilidad que ofrecen otros productos como la deuda pública.

Lo que sí ha existido son momentos puntuales de pánico bancario en entidades que luego tuvieron que ser rescatadas. Caja Mediterráneo (CAM) ha sufrido la retirada de más de 5.000 millones desde que en febrero se desencadenara la crisis y su fallida fusión con otras cajas. Solo la inyección de fondos del Banco de España ha evitado que la entidad deje de operar. Anteriormente, en Caja Castilla-La Mancha (CCM) la fuga mensual de depósitos llegó a alcanzar los 500 millones, lo que motivó también su intervención.

A falta de datos oficiales, el último estudio de Merco sobre reputación de entidades financieras de 2010 refleja que solo un tercio de los españoles ven con optimismo la recuperación del sector financiero y que el 13% ha hecho algún movimiento entre entidades ante la falta de seguridad o una posible quiebra. Justo Villafañe, director de Merco, recalca que “la solvencia es el aspecto que más valora ahora la población bancarizada”.

Más alarmante es la encuesta de la agencia financiera Bloomberg entre 1.100 de sus clientes corporativos (bancos de inversión, fondos, multinacionales y prensa especializada) realizada esta misma semana. Un 40% de los encuestados creen “probable” una quiebra de España por la incapacidad de pagar la deuda soberana. Curiosamente, ven mucho más riesgo en el mercado español que en países como Argentina o Irlanda. Tampoco se fían del euro. El 57% de los mismos afirman que reducirán su exposición a la divisa europea.

Otro signo de esa aprensión hacia los bancos, es la demanda de cajas de seguridad, para la que las entidades tienen lista de espera. José María Mollinedo, secretario general de los técnicos de Hacienda (Gestha), atribuye este fenómeno no solo al miedo al corralito, sino a la acumulación de joyas y al ocultamiento al fisco de dinero negro. Hacienda se está planteando pedir un registro oficial para identificar a todos los poseedores de estas cajas -unos 20.000 en toda España-, aunque no podrá conocer el contenido de las mismas.

En teoría, los pequeños ahorradores no deberían temblar porque el fondo de garantía de depósitos les garantiza la recuperación de 100.000 euros en caso de que una entidad no pueda hacer frente a sus obligaciones. Ahora bien, en una situación de pánico bancario general como el que se produjo en Argentina o, más lejanamente en el tiempo, en Estados Unidos durante la Gran Depresión del 29, esa garantía se quedaría en papel mojado. Baste señalar que la actual dotación del fondo es 6.593 millones de euros (dato de octubre), que no alcanza ni siquiera al 0,5% del total de fondos que los españoles han depositado en los bancos.

“En caso de una caída masiva de entidades financieras, que no esperamos, sería una situación muy grave y el fondo no resultaría suficiente por lo que en esa situación especial habría que buscar mecanismos complementarios”, apunta Santiago Pérez, de la Asociación de Bancos, Cajas y Seguros ( Adicae), que añade que proliferan cada vez más las consultas sobre la solvencia de determinadas entidades y los instrumentos de garantía, “sobre todo por las entidades que han sido intervenidas”.

Además, el fondo no garantiza todos los productos financieros. Como, por ejemplo, las participaciones preferentes, unas emisiones que los directores de bancos y, sobre todo, de cajas colocaron entre pequeños ahorradores entre 2008 y 2010 como si se tratara de depósitos a plazo fijo cuando, en realidad, no garantizan ni la devolución del capital, al estar vinculadas a los resultados y al criterio de la entidad. Las quejas de los suscriptores que no pueden recuperar su dinero se han multiplicado. La Adicae ya ha calificado de “corralito” la situación de miles de ahorradores modestos que no pueden disponer de los 12.000 millones que se colocaron en estos productos con “información falsa”.

Con todo, el bloqueo de depósitos o la restricción para disponer de fondos sería una broma infantil comparada con el efecto devastador que tendría la desaparición del euro y la conversión obligatoria de nuestros ahorros a pesetas (o a la nueva divisa nacional que se designara). Eso es exactamente lo que lo ocurrió en Argentina. El corralito, decretado el 3 de diciembre de 2001, impedía que los depositantes sacaran más de 250 dólares por semana, pero sus ahorros seguían estando allí. Un año después, llegó el corralón, con la derogación de la convertibilidad automática entre peso y dólar (relación 1 a 1), lo que produjo una devaluación de la moneda nacional y el empobrecimiento general de los ahorradores.

Si se reprodujera ese escenario en España, que casi todos coinciden en calificar como remoto -pero, insisto, no imposible-, los depósitos y las deudas pasarían a denominarse automáticamente en pesetas pero con una pérdida general de valor. Los últimos informes de UBS y Citigroup estiman que una reintroducción del dracma, la peseta o la lira conllevarían una devaluación de entre el 40% y el 60%, es decir, que de golpe los depositantes perderían en torno la mitad de sus ahorros.

Las diferencias entre la situación argentina de hace una década y la de la eurozona ahora son abismales, empezando por el tamaño de su economía o la capacidad de reacción del Banco Central Europeo. Pero también hay algunas similitudes preocupantes: Argentina se asfixió cuando el FMI se negó a seguir prestando fondos, justamente lo que le ha ocurrido a Grecia y lo que le pasaría a Italia o Portugal si el BCE les dejara de prestar apoyo; los duros ajustes que imponía el FMI a Argentina aceleraron la recesión y la imposibilidad de refinanciar su deuda, que es lo que le está sucediendo a Grecia y lo que le puede ocurrir a Italia o España cuando se apliquen medidas de recorte similares; el Gobierno argentino negó hasta la saciedad que fuera a acabar con la paridad dólar-peso, como los Ejecutivos comunitarios han negado hasta hace unos días que el euro estuviera en peligro.

Guillermo Ambrogi, presidente de la Cámara Española de Comercio de Argentina, ve ciertos paralelismos entre la UE con el país sudamericano del corralito: “Hay tres datos ineludibles: un serio proceso recesivo, una deuda pública y privada muy alta en comparación con el PIB de cada país miembro y, finalmente, una política monetaria que tiende a preservar el valor de la moneda sobre el crecimiento de la economía”. No obstante, no le parece ni “razonable ni necesario” que se declare el corralón en algún país porque el BCE tiene otros instrumentos a su alcance, como la emisión de euros.

La desconfianza hacia el euro no solo viene de las firmas de inversión. Los grupos de rock Metallica y Red Hot Chilli Peppers han adelantado su gira europea ante el temor de que el euro desparezca y sus emolumentos se paguen en monedas devaluadas. Y ambos grupos tienen previsto pasar por España.

“¿Es posible un corralito en España? Esta pregunta me la han hecho varias veces en los últimos meses. Mi respuesta ha sido siempre: no”, señala en su blog Antonio Argandoña, profesor del IESE. “Y sigo pensando que es la respuesta correcta si lo que me preguntan es si es previsible una crisis financiera interna tan grave como la de Argentina en 2001, cuando la gente no podía retirar su dinero de los bancos y todo el sistema financiero se quedó bloqueado. Pero si la pregunta es si puede ocurrir, es decir, si no es física o metafísicamente imposible, la respuesta es, desde luego, que sí”.

La increíble vuelta de la peseta

http://www.elpais.com/articulo/internacional/increible/vuelta/peseta/elpepiint/20111127elpepiint_8/Tes

Los líderes europeos se mueven a cámara lenta, la presión de los mercados acelera. La falta de una respuesta política contundente da alas a las especulaciones sobre la posibilidad de que Grecia salga del euro. La hipótesis de un retorno a la peseta desvela un camino lleno de trampas, no un atajo.

La ruptura de la zona euro ha sido considerado un evento casi imposible, incluso por los que criticaron con dureza cómo nació. La crisis de deuda pública y la respuesta de los líderes europeos han cambiado esa percepción. A principios de este mes de noviembre, el presidente francés, Nicolás Sarkozy, y la canciller alemana, Angela Merkel, abrieron la puerta de salida a Grecia y pusieron bajo vigilancia a Italia. Este mismo miércoles, el resquebrajamiento de la moneda única fue una de las explicaciones recurrentes al mayor fracaso de una subasta de bonos alemanes en años.

“En la próxima década, es muy poco probable que ningún país salga de la zona euro”. Lo escribió en 2008 Barry Eichengreen, de la Universidad de California, en uno de más afamados análisis sobre la cuestión. Para Eichengreen, el supuesto remedio sería peor que la enfermedad, incluso en países como Grecia, con una recesión brutal sobre los hombros. Sigue pensando igual, pero ahora es mucho más pesimista. “Si no dan tiempo a que las reformas generen crecimiento, será la sentencia de muerte del euro”, avisó hace tres semanas. Solo Alemania y el Banco Central Europeo, según Eichengreen y buena parte de la academia, pueden comprar ese tiempo.

Salir de la zona euro tiene enormes complicaciones legales. Como ha analizado en detalle el jurista británico Charles Proctor, solo hay una vía de escape: el artículo 50 del Tratado de la Unión, que implica la salida simultánea de la UE. Y, salvo reforma de los tratados, no hay manera de expulsar a un socio de la zona euro. Contra el muro jurídico, la evidencia histórica: las uniones monetarias pueden romperse (el imperio astrohúngaro, URSS, Yugoslavia o en EE UU durante la Guerra de Secesión), aunque casi siempre como consecuencia de un colapso económico y político.

Aunque son voces minoritarias, hay algunos analistas que defienden que salir del euro tiene más ventajas que inconvenientes. Un informe de la consultora Capital Economics sostiene que, para Irlanda, Grecia, Portugal, Italia o España, es mejor volver a monedas nacionales y recuperar el control de la política monetaria. Eso permitiría devaluar el valor de la moneda y utilizar el banco central para imprimir dinero y comprar deuda pública si fuese necesario. Con la moneda mucho más barata, el sector exterior es el gran beneficiado. La contrapartida, una caída fulgurante de la demanda interna, sería compensada en poco tiempo por el tirón de exportaciones y turismo.

Junio de 2012. La peseta se depreció un 40% en cuanto vuelve a cotizar. Las reservas de turistas extranjeros en los hoteles se disparan. El PIB cae a plomo, el paro llega al 23%.

Los expertos de UBS, Citigroup o Rabobank calculan que, de ser reintroducidas, la peseta, el dracma o la lira podrían depreciarse entre un 40% y un 60% frente al euro. Los servicios de estudios de la banca coinciden en considerar cualquier salida del euro “un escenario catastrófico”, en palabras de Stephane Deo, de UBS.

La inmensa mayoría de estos estudios comparten argumentos con el trabajo de Eichengreen. Al más leve indicio de que se prepara la reintroducción de la peseta, particulares y empresas empezarían a retirar sus ahorros en euros de la banca española. Hay dos razones: los euros que se salven de convertirse de forma obligada en pesetas no pierden valor con la inevitable depreciación. Y mantener ese valor es importante para pagar las deudas que sigan contabilizadas en euros.

El resultado sería una quiebra generalizada del sistema bancario por la retirada masiva de depósitos. Miles de empresas cerrarían. Las ventajas competitivas de la devaluación se esfumarían con el repunte de la inflación y los aranceles a las exportaciones que fijaría el resto de la UE. La interconexión con la banca europea garantiza un rápido contagio. Sería “la madre de todas las crisis financieras”, tal y como la bautizó Eichengreen.

El temor no es infundado: en dos años, los depósitos en bancos griegos han caído un 23%. Solo una reconversión sorpresiva y exprés permitiría limitar los daños. Eichengreen cree que eso es imposible: la salida del euro tiene que negociarse con el resto de la UE ; la reintroducción de una moneda obliga a un sinfín de preparativos técnicos. Son procesos largos que darían un estruendoso pistoletazo de salida.

En esos “escenarios catastróficos”, se estima una caída del PIB tan extrema (entre el 30% y el 50%), que la convierte de inmediato en una opción indeseable. Otras aproximaciones teóricas a algo sobre lo que no hay precedentes válidos, limitan los daños, todavía muy cuantiosos.

Junio de 2012. El sábado, el Consejo Europeo aprueba por sorpresa la salida de España de la UE. Ese mismo día, se aprueba una norma que prohíbe retirar más de 100 euros a la semana de las cuentas bancarias. Ya está puesto el corralito. El domingo se establece un nuevo tipo de cambio: 1 euro=1 nueva peseta. El lunes, en bancos, cajeros y todo tipo de oficinas oficiales se sellan los billetes de euros para ser usados como nuevas pesetas hasta que estas se fabriquen. Un billete de 20 euros pasa a ser un billete de 20 nuevas pesetas o europesetas. La nueva moneda se deprecia un 40% en cuanto cotiza en el mercado.

Eric Dor, de la Universidad de Lille, propone en su Manual para salir de la zona euro, publicado en octubre, utilizar los billetes de euro para sortear los problemas técnicos de reintroducir una moneda. El corralito, al que Argentina dio celebridad en 2001, podría evitar la retirada masiva de depósitos, aún a costa de una enorme injusticia social y un parón económico en toda regla.

Para una negociación exprés en la UE no hay precedentes, ni teorías convincentes.

Otro argumento que rebaja un par de grados las “inasumibles” desventajas de salir del euro es el tratamiento de la deuda. Un reciente informe del banco de inversión Nomura establece que préstamos hipotecarios, créditos a empresas del país y la inmensa mayoría de la deuda pública podría reconvertirse a la nueva moneda. En el caso de los créditos internacionales de bancos y empresas, la cuestión es menos clara.

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