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Te doy la autoridad…

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¿A quién le doy autoridad para aconsejarme y a quién no? ¿A quién le doy la autoridad de criticarme y a quién no?

Conceder la autoridad a una persona, es permitirla que te aconseje, asesore, critique; En definitiva, que te ayude a tomar una decisión, personal, profesional o de ocio; Todo ello sin considerar su situación familiar, social, profesional, status, rol, etc.

Unos ejemplos sencillos:

Necesitas hacer un plan de clientes y tu mejor amigo trabaja realizando proyectos de ingeniería, pero nunca diseñó un plan de clientes. Que sea tu mejor amigo, ¿implica que sea la persona más indicada para hacerlo?

Quieres comprarte un coche con un buen motor y ves en la tele un spot de publicidad donde Rafa Nadal es prescriptor de un coche por su motor, ¿Rafa Nadal es mecánico?

Te presentan al presidente de Iberia en una cena, ¿le pedirías consejo sobre el lanzamiento de un nuevo e innovador producto para la madera, sabiendo que él nunca trabajó en ese sector?

Tu compañero de trabajo es soltero, su filosofía de vida es no tener ningún tipo de compromiso, la duración media de sus relaciones es de unos 8 meses. ¿Es la persona más adecuada para aconsejarte sobre cómo mantener estable tu matrimonio después de 14 años?

Con esto no quiero decir que no te puedan dar buenos consejos en un momento determinado, sino que la persona que elijas para aconsejarte o criticarte constructivamente esté en sintonía con tus valores, filosofía, con tu modo de ver la vida y que además tenga la experiencia, conocimientos e información necesaria para poder ayudarte a tomar una decisión en el terreno que desees o necesites.

<< Muchas personas, aceptan una crítica o un consejo de alguien por ser quien es y no por lo que les pueda aportar.>>

¿A quién le doy autoridad para herirme y a quién no?

En algunas situaciones en las que por temas políticos, religiosos, deportivos, culturales, de filosofía de vida, etc., se discrepa, se discute, o incluso se termina llegando a malos entendidos, puede ser que de manera intencionada, o no, recibas comentarios que te hagan sentir mal.

Por ejemplo, en una negociación con varias personas de diferentes países, en la feria internacional de alimentación de Köln, me comentaron:

-Laura, tu tienes que ser Turca.

– La verdad es que no me importaría pero soy Española, respondí.

-¿A si?, cuando fui a España todavía iban los cerdos y las vacas en el tren con las personas. ¡Uff, que asco!, seguro que no ha cambiado nada, jajaja.

Mi diálogo interno fue:

A ti no te voy a dar autoridad para herirme, porque “nadie puede herirme sin mi consentimiento”      Teresa de Calcuta.

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