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¿Globalizarte o que te globalicen?

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Admitámoslo: el proceso de globalización es imparable; ha venido para quedarse. Negar la evidencia nunca ha ayudado a las personas a solucionar problemas. En la Prehistoria, las personas tuvieron que admitir que, físicamente, eran inferiores a otros mamíferos. Esa evidencia permitió a los primeros humanos fabricar herramientas y estrategias que les permitieran cazar para solucionar su sustento. La negación de la realidad no ha detenido las consecuencias; en muchos casos las ha incrementado.

El proceso de globalización nace en el mundo occidental y se expande alrededor del mundo a finales del siglo XX. El proceso se acelera con la caída del sistema comunista y el fin de la guerra fría, y muestra su imparable expansión durante la primera década del siglo XXI (incluso en forma de crisis económica global). Uno de sus principales portavoces es el periodista Thomas Friedman en su libro “la Tierra es Plana”[1].

En un proceso globalizador se produce la integración de las economías locales en una economía de mercado de ámbito mundial, donde los modos de producción y los movimientos de capital se configuran a escala global, dando la batuta del sistema a organizaciones multinacionales, las cuales son capaces de abarcar grandes mercados. Toda esta fusión de mercados se debe a los nuevos avances en tecnología y comunicaciones que se han producido estos años. Tanto la infraestructura, como los métodos de transmisión de información, son y serán una pieza clave para la continuidad del desarrollo globalizado de todos los mercados mundiales.

Thomas Friedman maneja un concepto que denomina “la triple convergencia”; lo define como el resultado de la combinación de tres factores (nuevos jugadores, nuevo terreno de juego y nuevos procesos y hábitos de colaboración horizontal) que contribuyen a la productividad de las empresas en su proceso particular de globalización. Esta convergencia produce la creación de redes de valor entre organizaciones de diversos sectores. El término que se nos ocurre para definirlo es el de “simbiosis”.

La simbiosis, sistema en el cual miembros de especies diferentes viven en contacto físico y mantienen una estrecha relación, es un concepto arcano, un término biológico especializado. Un ejemplo de simbiosis es el del pez payaso que nada entre los tentáculos de la anémona. Este pez protege su territorio de otros peces comedores de la anémona y, a cambio, los tentáculos de la anémona le protegen de otros depredadores. Todo se basa en sinergias o juegos de suma positiva, donde uno gana a costa de lo que gana el otro.

En términos empresariales es la postura opuesta a la metáfora de las cuñas descritas por Darwin, donde se representa la naturaleza mediante  una superficie limitada completamente ocupada por cuñas insertadas en ella. Al golpear sobre una de las cuñas y lograr que ésta se inserte más, otra cuña sale desplazada hacia el exterior. La simbiosis y la triple convergencia contradicen estos modelos. Las relaciones simbióticas son relaciones sinérgicas en las que los individuos que aprenden a convivir mutuamente se benefician mediante un efecto multiplicador.

Como resultado de la triple convergencia se produce:

  • El asentamiento de un terreno de juego global conectado a través de internet, el cual permite la puesta en práctica de infinidad de variantes de colaboración en tiempo real, sin que importe el lugar geográfico, la distancia, el idioma o cualquier tipo de barrera.
  • Se ha pasado de crear valor mediante formas de mando verticales, a hacerlo de una forma más horizontal. Se suprimen las jerarquías y se colabora mejor con otras empresas de forma simbiótica, aplicando nuevas prácticas administrativas en los procesos de negocio.
  • El desarrollo de competencia global basada en la colaboración, a través de las personas y entre ellas, lo mismo que entre organizaciones. Esta convergencia está generando una era que va a transformar todos los aspectos de los negocios, de nuestra sociedad y de nuestras vidas.

Lo que ahora está sucediendo es solo la punta del iceberg. Pero es necesario que todo el mundo se percate de que se está produciendo un cambio fundamental en la manera de hacer los negocios y de ver las empresas. Lo fundamental es interiorizar que aplicar mejoras, y dotarse de la capacidad necesaria para competir, es esencial. En un futuro cercano ya no existirán diferentes mercados: será uno y global[2].

Posiblemente, los ejemplos que ponga se hayan quedado obsoletos cuando se esté leyendo este capítulo; es el peligro que se corre al comentar futuribles. Google está trabajando con varios fabricantes de dispositivos para lanzar lo que ahora se conoce como Google TV. Si hemos empezado a perder el concepto de “canal nacional”, podemos imaginarnos dónde quedaran otros productos o servicios asociados a una ubicación geográfica. Todo el entorno del que nos hemos dotado en los últimos años tiene una característica común: se asocia a una ubicación geográfica concreta.

Hemos pasado de, con suerte, conocer el mar una vez en nuestra vida, a plantearnos, como algo factible, viajar al otro lado del planeta. Los viajes antes eran gestas que ocupaban una vida, mientras que ahora son parte de una necesidad festiva. La generación que ahora empieza a jubilarse en España conoció la implantación del teléfono fijo en cada vivienda, mientras que la que sale del instituto considera de lo más normal poder hablar en cualquier momento y lugar con cualquier persona en cualquier parte del mundo. ¡Y sin coste!

Mis padres sabían perfectamente de dónde era una empresa: SEAT estaba en Barcelona, existía un banco con el nombre de la ciudad de Bilbao y la mayoría de las empresas eran de Madrid (sobre todo, si uno vivía en lo que se denominaba provincias). Ahora, si nos preguntamos de dónde es Telefónica, posiblemente, la respuesta más ajustada que encontremos sea española (sobre todo si usted es ciudadano de un país dónde presta servicios esta compañía de telecomunicaciones). Pero el problema empezará a crecer si nos preguntamos de dónde es el BBVA[3], Bimbo o el grupo VIPS. Muchos de nosotros creeremos que son empresas de determinadas nacionalidades, cuando son empresas globales con negocios desubicados de una determina posición geográfica. Estoy seguro de que sus equipos directivos también son internacionales.

La empresa HP es una de las mayores corporaciones de tecnología del mundo, cuenta con 142.000 empleados y opera en 178 países. Si la mayoría de sus empleados y consumidores se encuentra fuera de Estados Unidos, por mucho que su oficina central esté en Palo Alto, ¿es HP una empresa estadounidense?[4] Hoy en día, las empresas no pueden sobrevivir como entes fieles a un solo estado o nación, ni siquiera a uno tan grande como Estados Unidos.

Nunca antes las empresas habían disfrutado de tanta libertad en su forma de asignar la investigación, la fabricación, o incluso el diseño en cualquier lugar del mundo. Lo que vaya a suponer para las relaciones a largo plazo, entre las empresas y el país en el que se instalan, es algo que todavía no se sabe a ciencia cierta. Estamos a la espera de que, de aquí a diez años vista, podamos comprobar cuál será el impacto real de este tipo de decisiones empresariales tomadas pocos años antes.

La cruda realidad es que a los distintos grupos de interés (equipos humanos, accionistas e inversores), les da igual de dónde salgan sus beneficios; lo único que les interesa es que sus empresas sean rentables. Por el contrario, los políticos se sienten impotentes a la hora de estimular la creación de empleo en sus países. Y por último estamos nosotros, las personas (independientemente de nuestra nacionalidad) que queremos, cerca de nuestras casas, empleos mejor remunerados.

A nivel personal también es complicado sopesar las diferentes identidades que adquiere nuestra persona en función del contexto en el que nos movamos (consumidor, ciudadano, contribuyente, accionista, empresario, etc.). En un mundo plano, decidir cómo quieres que funcionen las empresas teniendo en consideración todas tus identidades, es una elección complicada. Porque cuando dejas fuera del negocio al intermediario, también dejas fuera a un grupo humano de personas. Como consumidores queremos nuestros productos y servicios lo más baratos que se nos puedan ofrecer, pero como ciudadanos preferimos un control por parte del gobierno que supervise y regule las cadenas de suministro. ¿Será posible llegar a un acuerdo?

Si la tecnología rompe fronteras, las empresas son globales, y nuestro círculo de amistades pertenece y habita en distintos lugares, ¿por qué nosotros, como trabajadores, vamos a mantenernos asociados a una determinada posición geográfica? La crisis que vivimos es global (bueno, esto habría que matizarlo dado que es más del mundo desarrollado que de los países subdesarrollados o en vías de desarrollo); nuestras condiciones sociales se modifican para ser competitivas contra condiciones sociales de países que difícilmente podríamos ubicar en un mapa.

La última novedad en el marco formativo europeo, el llamado Plan Bolonia, consiste básicamente en crear un espacio educativo con reglas similares y homologables. El objetivo de muchos padres es que sus hijos aprendan inglés (al menos); esos hijos siguen con más pasión la final de la NBA o la feria E3 (la reunión anual sobre videoconsolas y juegos de ordenador) que cualquier evento cercano a la localidad donde viven.

Suelo hacerme una misma pregunta, ante situaciones diversas, muchas veces orientada a conseguir una sonrisa, aunque, algunas veces, para fastidiar a mi interlocutor; la pregunta es: ¿es bueno o malo? Es una falsa pregunta, dado que, la mayoría de las veces, y sobre la mayoría de las situaciones importantes, esta dicotomía vale de poco. Tristemente, lo importante no suele ser ni bueno ni malo. Y ése es el problema.

Si el proceso de globalización, objetivamente, no es bueno ni malo, entonces significa que algunos saldrán beneficiados y otros perjudicados. En algunos sectores ha calado de forma positiva mientras que en otros ha despertado un profundo rechazo. Tal vez salgan beneficiados países como India, China o Rusia, lo que provoca que no debamos cruzarnos de brazos. Es importante darnos cuenta que estamos competiendo con ellos, que, por el momento, tenemos ventajas; pero depende de nosotros mantener dicha ventajas y evitar que nos las vayan reduciendo poco a poco. La globalización es positiva para el crecimiento económico, pero siempre deberán quedar valores propios de cada país (cultura, sociedad, religión, costumbres) que son los que nos hacen únicos y nos diferencian del resto.

Recordando la tesis inicial, en la que nuestra sociedad se está globalizando y qué podemos elegir entre globalizarnos nosotros o que nos globalicen otros[5], a continuación intentaremos plantear las ventajas e inconvenientes que conlleva la globalización. Conocer ventajas e inconvenientes no significa que podamos elegir: simplemente podemos maximizar las ventajas e intentar minimizar los inconvenientes, pero poco más.

La principal ventaja que conlleva la globalización es el aumento exponencial de opciones y posibilidades que tenemos disponibles. La generación que se está jubilando ahora podía elegir, salvo contadas excepciones, entre las posibilidades que le brindaba el entorno geográfico y económico dónde residía.

La principal desventaja es el aumento, también exponencial, de la competencia en todos los ámbitos de relación (personal, empresarial, nacional, etc.) La competencia para conseguir un trabajo es global, el mercado es global, y las condiciones laborales en un país concreto tienen que tener en cuenta las condiciones laborales globales.

Siendo más específicos, podríamos clasificar los factores, los beneficios y los riesgos de la globalización en tres grupos:

  1. Factores que impulsan su desarrollo:
  • Una economía de libre mercado.
  • Las fusiones entre empresas orientadas a crear multinacionales.
  • La corriente privatizadora del mercado eliminando políticas públicas.
  • Disminución de monopolios (al menos nacionales).
  • Mejoras en comunicación y cooperación internacional.
  • Intercambios culturales, de conocimientos y de formas de pensar, produciendo sinergias.
  • Mayor capacidad de maniobra frente a crisis puntuales nacionales.
  • Eliminación de barreras de entrada del mercado laboral, financiero y de bienes y servicios.
  • Actitudes irresponsables de las multinacionales en mercados concretos, sin posibilidad de contrapeso por los poderes políticos locales.
  • Aumento de desequilibrios económicos, políticos y sociales.
  • Aumento de la pobreza, mayor diferencia entre Primer y Tercer mundo.
  • Aplanamiento del planeta no solo en términos económicos, sino también de forma social, cultural y personal.
  1. Beneficios potenciales:
  1. Riesgos potenciales:

No podemos negar una evidencia: los móviles y los ordenadores han transformado el modo de vida de toda una generación. Nos permiten huir de nuestra ubicación geográfica y trabajar en cualquier lugar con otras personas remotamente ubicadas. La distancia entre las personas se acorta hasta desaparecer, permitiéndonos realizar simultáneamente varias tareas y liberando tiempo (o eso se supone) para actividades más apasionantes.

Si todavía no le he convencido que el mundo es global, miremos a las nuevas generaciones. El programa de colaboración universitario Erasmus (con todas las bromas que se hacen entre padres acodados en la barra de un pub) es, sin lugar a dudas, la iniciativa con mayor éxito liderada por Europa en los últimos años. El siguiente gráfico muestra el número de estudiantes que han participado, a nivel europeo, por curso académico.

Imagen

Se ha pasado de 3.244 alumnos en el curso 1987/88 a 182.687 en el 2007/08 con un incremento medio anual del 28%. El incremento durante este periodo de 21 años ha sido del 5532%. En una generación, el número de estudiantes europeos que pasan un año realizando un curso universitario en una universidad de otro país se ha multiplicado ¡por más de 56! Cuando esos universitarios se planteen un plan de vida, ¿alguien cree que no tendrán una visión global alejada de localismos y ubicaciones geográficas concretas?, ¿sus consideraciones políticas serán nacionales o globales?, cuando tengan responsabilidades en una organización, ¿realizaran contrataciones locales o se plantearan abrirse a una oferta global?

Un último ejemplo de globalización inducida es el futbol; mientras revisaba este libro estaba jugándose el mundial de Sudáfrica. Si nos fijamos en este deporte de masas (sinónimo utilizado para denominar a un deporte que se ha convertido en un espectáculo dónde los resultados, económicos principalmente, mandan) podemos ver algunas consecuencias de la globalización.

Por ejemplo, los equipos: ya no existe selección “fácil” salvo contadas excepciones que cumplen la regla. Equipos de países que antes abandonaban la competición a las primeras de cambio dejando su sitio a las selecciones con pedigrí, están cosechando excelentes resultados. México, Paraguay, EE.UU o, incluso, Nueva Zelanda (único equipo que no ha perdido ningún partido) tienen muchas posibilidades para clasificarse a las siguientes rondas. En cambio, selecciones históricas como Inglaterra e Italia, por no hablar del papel de Francia, están casi con un pie fuera (luego se vio que tenían los dos pies fuera…)

Si uno se fija en los jugadores de cualquier selección nos encontramos con un patrón común: muchos jugadores de equipos poco típicos en un mundial juegan en clubs de ligas competitivas. Todas las selecciones están globalizadas. Ahora Italia no compite sólo con Alemania, Inglaterra o Brasil. Compite con Camerún, Nueva Zelanda o Paraguay con jugadores experimentados. Todos se conocen, juegan en competiciones nacionales muy competitivas, participan en torneos continentales e, incluso, globales. La globalización de los jugadores ha acortado la distancia entre selecciones.

Por el lado de los entrenadores sucede lo mismo: cualquier entrenador europeo o sudamericano (los supuestamente mejores) es contratado por selecciones africanas o asiáticas. Lo último en táctica y técnicas de entrenamiento ha sido globalizado.

En cambio, estamos viendo un actor en este mundial no globalizado y que chirría: los árbitros. Estos jueces del juego son nacionales; muchos de ellos no pueden participar en competiciones de alto nivel (estoy pensando, en concreto, en el arbitro japonés del partido de España contra Honduras en la primera fase), no tienen la oportunidad de mejorar por medio de la competencia. Es curioso lo que está marcando la actuación de este colectivo a un mundial tan igualitario.

En este ejemplo podemos ver que la competencia nos hace a todos mejores. El problema para las sociedades avanzadas es que difumina nuestra ventaja competitiva con respecto a los que antes no contaban. Ahora la competencia es entre muchos más y mejores. Alguno puede echar de menos el glorioso pasado dónde todo era más fácil (para los de siempre). Pero la realidad es reveladora: la globalización ha llegado y nos obliga a competir más y a mejorar más rápidamente si queremos, simplemente, mantener el statu quo. Y lo que también podemos afirmar es que no participar en esta competencia global nos hace peores. O jugamos o nos damos por derrotados a priori.

Pero también podemos aprender más cosas: a medio plazo seguimos (permítame el lector disfrutar del estupendo mundial de la selección española) llegando los mismos. En las semifinales se enfrentan Uruguay (un país chiquito con una población de emigrantes españoles e italianos que ha continuado emigrando por medio mundo), Holanda (con la imagen del holandés errante), Alemania (que se ha enriquecido con la incorporación de emigrantes del este de Europa) y España (ejemplo de emigración durante décadas que ahora recibe inmigrantes de países del mismo idioma o cercanos geográficamente). Los tres primeros puestos son europeos: Alemania, Holanda y España. Han sufrido más de lo esperado las selecciones históricas. Han llegado a la final dos equipos que apuestan por la creatividad (bueno, uno de ellos; el otro hizo una final vergonzosa), unos segundones llegados a la cima a partir del trabajo de un grupo y no de las individualidades (que, dicho de paso, han sido otra de las decepciones de este mundial; ¡a ver si aprendemos algo!). Cuando un grupo de jóvenes, que no conoce de historias de abuelitos, se agrupa y suma por la unión, compitiendo en base a la creatividad y no a la destrucción, sucede lo inevitable. Competir para que ganemos muchos y no uno concreto, da resultados.

Me parece que si competimos, sufriremos más de lo que históricamente estamos acostumbrados, pero, al final, terminamos ganando los mismos. Tenemos ventajas competitivas que no podemos obviar. Es decir, para que, en un mundo globalizado, ganen los nuevos actores, no vale con imitar al mundo desarrollado. Imitándonos lo más que consiguen es hacer más disputado el resultado. Al final, tendrán que innovar, encontrar su camino, ser igual de buenos pero mejores en algo.

Como dije en la introducción, este es un libro[6] optimista sobre la globalización y la metáfora del futbol me permite ser optimista. No nos debe dar miedo competir, porque de esa competencia todos ganamos. Y, sobre todo, no nos debe dar miedo este nuevo terreno de juego porque de esa competencia salen nuestras mejores virtudes. Para esas nuevas generaciones de jóvenes europeos: no os deis por derrotados antes de empezar el partido. Después de tantos años de esfuerzo para lograr una formación adecuada a un mundo cambiante, ahora estáis entre los mejores.

Se inicia el partido. ¿Jugamos?[7]

(c) RRG 2013, http://www.linkedin.com/in/rrgalan/es


[1] La tierra es plana. Breve historia del mundo globalizado del siglo XXI. Thomas Friedman. MR Ediciones. 2006. ISBN 978-84-270-3222-4

[2] Algunos comentarios de amigos, disentían de esta afirmación. Pronosticaban un repunte de lo local. Creo que habrá un repunte de sentimientos locales (incluso, nacionales o nacionalistas) pero el mercado será global (o no será).

[3] En la temporada 2010/11 el BBVA es uno de los patrocinadores de la liga de baloncesto NBA. El banco de Santander patrocina Ferrari y pone su nombre a varios de los grandes premios como el de Italia. Empresas globales con publicidad global en mercados globales.

[4] Melania me propone una serie de reglas para conocer de dónde es una empresa; la primera es ver dónde va el dinero; y dónde va el dinero es de dónde es la empresa. La segunda es el llamado test del maricón: si un país va mal y la empresa se va, probablemente no sea nacional (maricón el último…)

[5] Uno de mis jefes solía decir en alguna reunión de dirección que los cambios se deben realizar cuando la organización va bien; cuando una organización va mal, otros harán las modificaciones por ti.

[6] Capítulo 1 del libro “VirtualShore, Cambiemos el Sector de las Tecnologías de la Información”, disponible en Amazon:    http://www.amazon.es/VirtualShore-Cambiemos-Sector-Tecnologias-Informacion/dp/144612438X/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1360836876&sr=8-1

[7] La final del mundial la disputaron España y Holanda; dos pequeños países, en población, del mundo desarrollado pero singularmente activos en este mundo globalizado. Todo un canto a la innovación. El ganador jugó a construir; el perdedor jugó a destruir. ¿A qué jugamos?

Acerca de Roberto

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